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Periodismo

jesus-christ-marca-branding-marketing-mkt-catholic-iglesia-church-catolica-catc3b3licoLas vacaciones, más aún las navideñas, se prestan a ingerir todo tipo de cosas. El otro día vi un video de youtube que parodia el famoso Gangnam Style en versión Catho-Style, estilo católico. El video es ingenuo y una simple anécdota, pero me hizo pensar en la manía que tienen algunos hacer marketing con agua bendita. Éstos hablan de música cristiana, de cine cristiano, e incluso de reality-shows católicos. La cuestión es copiar lo que hacen “otros” (aunque en sí mismo sea humanamente alienante), ponerle el apellido religioso, y así justificar su consumo por gentes “de iglesia”. El objetivo último es conseguir aceptación por el público.

La comunicación y el marketing no son lo mismo. El marketing se centra en la percepción. Quien se dedica al marketing tiene que vender un producto, por eso se esfuerza en que los clientes perciban el valor diferencial que esa marca aporta respecto a la competencia. La comunicación en cambio se centra en compartir la identidad. Quien comunica muestra sinceramente lo que es. Si quien comunica no es un mentiroso mostrará al otro tanto lo bueno como lo malo que hay en él. Esta es la única forma de comunicación que verdaderamente hace justicia al ser humano. Sería un error que la Iglesia católica hiciera marketing en lugar de comunicar. Una preocupación obsesiva por cómo la Iglesia es percibida llevaría fácilmente a ello, y a caer en los fuegos fatuos de los telepredicadores.

Cuando Benedicto XVI consagró la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona recordó las palabras de Dostoyevsky: «La Humanidad puede vivir sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero nunca podría vivir sin la belleza». Hace un mes David López Ribes se ha convertido en el primer español en recibir el Premio de las Academias Pontificias por su labor artística a favor del humanismo cristiano. Merece la pena oír sus palabras en la entrevista que le hizo Rome Reports.

mula-bueyHace unos días cené con un periodista que trabaja para un medio de bastante difusión en España, del que ahora es corresponsal en el Vaticano y en Italia. No me resistí a preguntarle por el buey y la mula. Es decir, ¿cómo salió a relucir el buey y la mula en la presentación del libro del Papa? De ese tema no se habló en ningún momento de la presentación, me contestó inmediatamente. Y me hizo una crónica de cómo se presentó La Infancia de Jesús a la opinión pública. He aquí un resumen.

Fue en la Sala Stampa de la Santa Sede. Se había convocado a los medios, aunque una vez allí se les dijo que era una presentación para los miembros de la curia organizado por la editorial. De hecho, en un primer momento no se les dejó grabar ni hacer preguntas, aunque tras dimes y diretes se permitió. También sorprendió a los periodistas que se les diera el libro una hora y media antes del acto, cuando lo normal en estos casos es entregarlo uno o varios días antes en ‘embargo’ (con compromiso de no divulgarlo hasta la presentación pública), para que haya tiempo de leerlo. Y para colmo la editorial obligó a los periodistas a firmar un escrito en el que se comprometían a no publicar nada del contenido del libro hasta que estuviera en las librerías al día siguiente. Solamente podrían publicar el contenido de un dossier de un par de folios con un elenco de las “mejores frases” del libro, entre ellas: En el Evangelio no se habla de animales en el lugar donde nació Jesús, pero tratándose de un pesebre, el lugar donde comen los animales, la iconografía cristiana captó muy pronto ese motivo y colmó esa laguna. Luego habrá quien diga que los periodistas sacan las frases de contexto… no dudo que sucede así muchas veces, pero aquí sencíllamente no había contexto.

No sé si lo que se pretendía organizando una presentación así era que los medios hablaran del libro, aunque fuera en contexto cómico o incluso polémico, y así vender más ejemplares. No faltarán medios que disfruten haciendo comedia y polémica con la Iglesia. Y entiendo que haya quien se moleste por quienes han escrito esos titulares, pero la culpa de tanta frivolidad no es solo de quien escribe los titulares, también de quien los propicia.