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Iglesia española

En la entrada anterior intenté explicar por qué en comunicación es más importante la percepción que la verdad. Cuidar la percepción es aún más difícil si quien comunica es una institución. Una institución que no tiene una estrategia de comunicación que vele por la percepción que de  ella se tiene, corre el riesgo de transmitir a sus públicos la percepción de que hay un conflicto interno. Esa estrategia debería pasar por tener unidad de mensaje y pluralidad de voces. Creo que la imagen más adecuada para esa estrategia sería la de un coro. En el coro todos comparten una misma partitura, pero está formado por barítonos, tenores y bajos, cada uno con un timbre de voz distinto.

La Iglesia española carece de partitura. De vez en cuando se le oye un silbido agradable, pero de ahí a un coro hay un gran trecho. El pasado 1 de noviembre el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, dijo en una entrevista en la Cadena Ser que es una inmoralidad que los bancos que han sido rescatados estén realizando desahucios cuando han sido subvencionados con dinero público, a diferencia de otras empresas que han tenido que cerrar. Se trata de una melodía bonita y verdadera, pero por desgracia es un verso suelto en medio de gargantas que carraspean. Y ante un verso suelto la percepción del público es o bien falta un mensaje común claro, o bien conjeturar que existe un conflicto institucional.

La Iglesia católica de Estados Unidos interpretó muy bien su concierto ante el intento de la administración Obama de obligarles a incluir la contracepción en las pólizas de sus empleados. Todos a una, supieron encuadrar el conflicto en términos de ataque a la libertad religiosa –no de contracepción- y eligieron oportunamente al director de orquesta. Eso no se improvisa.