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Alegría

El 18 de noviembre de 2012 se ha muerto Miliki. Me parecen una horterada las “canonizaciones” que los medios de comunicación hacen de estos personajes. Pero tengo que reconocer que Miliki me hizo reír. Han pasado los años, si viera ahora Los payasos de la tele me aburriría bastante, pero entonces sí, reconozco que me reí. Una de las cosas más grandes que se puede conseguir en la vida, creo yo, es hacer reír a alguien.

Para los griegos la risa tenía un componente moral. Podía ser o bien el resplandor de la alegría, era la risa buena, o bien la risa burlona o injuriosa, la risa mala. La comedia griega y romana se decantaron por este segundo tipo de risa. En ella los personajes, que habitualmente adolecían de alguna debilidad física o moral, se enfrentaban a problemas cotidianos, se burlaban de ellos y los resolvían con un final feliz. Frente al protagonista de la tragedia, de un profundo sentido ético, los  personajes de la comedia eran arquetipos de los vicios y de la inconsciencia: mentirosos, charlatanes, fanfarrones, pícaros… Estos bufones entretuvieron las cortes reales, las cantinas, los intermedios de los teatros y más tarde el circo.

¿Qué pasó con aquella risa resplandor de la alegría? La Biblia cuenta que cuando Abrahán supo que a sus cien años iba a tener un hijo se postró sobre su rostro y rió. El niño se llamó Isaac, nombre que significa risa de Dios. Dante llamó Comedia (el adjetivo Divina es posterior) al drama de la historia precisamente porque tiene un final feliz. Hubo un tiempo en que el risus paschalis, la risa pascual, formó parte de la liturgia barroca; la homilía de Pascua debía contener una historia que suscitase risa a modo de símbolo de la libertad de los redimidos. En el cine, aunque persisten bufones como Woody Allen, hay películas capaces de hacer reír en medio de la mayor tragedia (véase cualquier entrega de Charlot o La vida es bella de Roberto Benigni) porque al final, todo acaba bien. Y es que la risa puede ser una promesa muy palpable de la redención.

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