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Aborto

En comunicación es más importante la percepción que la verdad. Esto no quiere decir que la verdad no sea importante, simplemente significa que la percepción lo es más. Ejemplo: no hay nada malo en que un político sea dueño de un yate, y es lógico que entre sus amigos se encuentren los principales banqueros y empresarios del país. Y entraría en lo previsible que a ese político un día le diera por estar en su yate, con sus amigos banqueros y empresarios, todos en traje de baño, tomando una copa de 500€ la botella. ¿Sería esto ilegal? No, la verdad es que no. ¿Sería esto propio de un mal político? No necesariamente, esa es la verdad. Ahora bien, ¿le gustaría a ese político que una foto así se publicara? No, porque la percepción que los electores tendrían de él es de que está haciendo algo malo.

La línea divisoria entre verdad y percepción puede ser aún más fina cuando se habla, hasta el punto de que matizar después sirve de poco. El pasado martes 23 de octubre, en un debate a tres entre los candidatos a senador por Indiana, el republicano Richard Murdock dijo lo siguiente: La vida es un don de Dios. Y creo que incluso cuando la vida comienza en esa horrible situación de la violación, es algo que Dios quiere que suceda (… something that God intended to happen). De poco sirvió a Murdock matizar con meridiana claridad que él no estaba diciendo que Dios quiere la violación, sino que toda vida, incluso la que nace por una violación, es querida por Dios.

A quince días de las elecciones presidenciales norteamericanas es lógico que los demócratas se hayan agarrado  a estas declaraciones como a un clavo ardiendo. Las encuestas prevén que el voto femenino será determinante. Hasta el candidato presidencial republicano Mitt Romney, se ha desmarcado de su compañero de filas. Todo ello confirma cuánto de puesta en escena tienen los debates televisivos, y lo que distan de la coherente búsqueda de conocimiento de la mayéutica socrática. C’est la vie!