archivo

Archivos Mensuales: diciembre 2012

jesus-christ-marca-branding-marketing-mkt-catholic-iglesia-church-catolica-catc3b3licoLas vacaciones, más aún las navideñas, se prestan a ingerir todo tipo de cosas. El otro día vi un video de youtube que parodia el famoso Gangnam Style en versión Catho-Style, estilo católico. El video es ingenuo y una simple anécdota, pero me hizo pensar en la manía que tienen algunos hacer marketing con agua bendita. Éstos hablan de música cristiana, de cine cristiano, e incluso de reality-shows católicos. La cuestión es copiar lo que hacen “otros” (aunque en sí mismo sea humanamente alienante), ponerle el apellido religioso, y así justificar su consumo por gentes “de iglesia”. El objetivo último es conseguir aceptación por el público.

La comunicación y el marketing no son lo mismo. El marketing se centra en la percepción. Quien se dedica al marketing tiene que vender un producto, por eso se esfuerza en que los clientes perciban el valor diferencial que esa marca aporta respecto a la competencia. La comunicación en cambio se centra en compartir la identidad. Quien comunica muestra sinceramente lo que es. Si quien comunica no es un mentiroso mostrará al otro tanto lo bueno como lo malo que hay en él. Esta es la única forma de comunicación que verdaderamente hace justicia al ser humano. Sería un error que la Iglesia católica hiciera marketing en lugar de comunicar. Una preocupación obsesiva por cómo la Iglesia es percibida llevaría fácilmente a ello, y a caer en los fuegos fatuos de los telepredicadores.

Cuando Benedicto XVI consagró la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona recordó las palabras de Dostoyevsky: «La Humanidad puede vivir sin la ciencia, puede vivir sin pan, pero nunca podría vivir sin la belleza». Hace un mes David López Ribes se ha convertido en el primer español en recibir el Premio de las Academias Pontificias por su labor artística a favor del humanismo cristiano. Merece la pena oír sus palabras en la entrevista que le hizo Rome Reports.

Anuncios

Twitter-megafonoA fecha de hoy (18.12.12) @Pontifex ha publicado 7 tuits. La cuenta acumula más de dos millones de seguidores entre los ocho perfiles. No ha faltado el entusiasmo por las cifras, sea por los seguidores, entre los que me cuento, como por los retuits.

Admiro la sencillez de Benedicto XVI y su docilidad a los asesores de comunicación del Vaticano, pero como el tema es opinable me permito decir que este asunto de @Pontifex me parece un retroceso a concepciones instrumentalistas de los medios ya superadas por Juan Pablo II en Redemptoris Missio. Decía el número 37 de esta encíclica: No basta usarlos [los medios] para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta «nueva cultura» creada por la comunicación moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos sicológicos.

Los tuits de @Pontifex, por el momento, se limitan a difundir mini-prédicas: un saludo y tres pares de entradas pregunta-respuesta sobre fe y oración. ¿Debería el Papa interactuar, seguir por ejemplo al Dalái Lama, hacer enlaces o retuits? Sería estúpido. Sencillamente el personaje y el medio no casan. No es que me parezca que el Papa se expone en un medio que podría ser hostil –ese miedo ya lo espantó Jesucristo con su Encarnación-, es que simplemente me parece un modo muy poco profesional de gestionar la presencia institucional del Papa en la red. Esto no es integrar el mensaje en la cultura, es sencillamente usar un megáfono.

Dicho esto, reitero mi admiración por la sencillez de Benedicto XVI. A este Papa le sobra sabiduría para decir frases sencillas que condensan un sentido muy profundo. Por eso espero que este post esté equivocado y que los tuits de @Pontifex sirvan a muchos para vivir momentos de reflexión y de auténtica interrogación.

photo_hens2El pasado 2 de noviembre el programa Newsnight de la BBC acusó de pedofilia a un antiguo asesor del gobierno británico de la era Thatcher.  Newsnight apuntaba veladamente Lord Alasdair McAlpine, quien fuera responsable de finanzas de la Primera Ministra. Algunos usuarios de twitter hicieron el resto. En concreto 1.000 cuentas de esta red y algunos blogs acusaron explícitamente a Lord McAlpine de haber abusado sexualmente, hasta en doce ocasiones, de un niño de un hospicio de Gales durante los años setenta. Otras 9.000 cuentas rebotaron el twit original. Sally Bercow, mujer de un parlamentario, fue quien encendió la chispa con un aparentemente inocente mensaje: Why is Lord McAlpine trending? Junto al mensaje ponía la foto del expolítico.

Cuando McAlpine denunció la falsedad de las acusaciones, la propia víctima de los abusos, Steve Messham, reconoció que quienes apuntaban contra McAlpine se equivocaban. La BBC accedió a indemnizar con casi 300.000 euros al difamado, y el director general de la cadena, George Entwistle, se vio obligado a renunciar a su cargo. Pero Lord McAlpine no está dispuesto a que los tuiteros que difundieron las calumnias contra él queden impunes. Ahora solicita a los tribunales que cada uno de los 10.000 usuarios con más de 500 seguidores que le acusaron de pedofilia –incluidos los que retuitearon mensajes originales- le paguen una compensación simbólica de cinco libras en forma de donación a una organización benéfica a favor de la infancia elegida por él.

McAlpine, muy acertadamente, demanda a los tuiteros y no a Twitter. La red no hace un control previo de los contenidos que los usuarios difunden, como sí hace la BBC o cualquier medio tradicional. Twitter no es la entidad editora de la información. Otra cosa sería que, a posteriori, Twitter fuera alertada de un contenido calumnioso y se viera en la obligación de retirarlo. Solo en este caso la red social sería responsable. Es el usuario quien debe responder si sobrepasa los límites de la libertad de expresión. Parece que estamos ante el primer caso de una denuncia masiva a usuarios de una red social, nada menos que 10.000. Y es que 140 caracteres o un mero click bastan para hacer mucho daño a una persona. Un claro ejemplo de la educación digital o digital literacy de la que hablábamos en un post de este blog hace unas semanas.

mula-bueyHace unos días cené con un periodista que trabaja para un medio de bastante difusión en España, del que ahora es corresponsal en el Vaticano y en Italia. No me resistí a preguntarle por el buey y la mula. Es decir, ¿cómo salió a relucir el buey y la mula en la presentación del libro del Papa? De ese tema no se habló en ningún momento de la presentación, me contestó inmediatamente. Y me hizo una crónica de cómo se presentó La Infancia de Jesús a la opinión pública. He aquí un resumen.

Fue en la Sala Stampa de la Santa Sede. Se había convocado a los medios, aunque una vez allí se les dijo que era una presentación para los miembros de la curia organizado por la editorial. De hecho, en un primer momento no se les dejó grabar ni hacer preguntas, aunque tras dimes y diretes se permitió. También sorprendió a los periodistas que se les diera el libro una hora y media antes del acto, cuando lo normal en estos casos es entregarlo uno o varios días antes en ‘embargo’ (con compromiso de no divulgarlo hasta la presentación pública), para que haya tiempo de leerlo. Y para colmo la editorial obligó a los periodistas a firmar un escrito en el que se comprometían a no publicar nada del contenido del libro hasta que estuviera en las librerías al día siguiente. Solamente podrían publicar el contenido de un dossier de un par de folios con un elenco de las “mejores frases” del libro, entre ellas: En el Evangelio no se habla de animales en el lugar donde nació Jesús, pero tratándose de un pesebre, el lugar donde comen los animales, la iconografía cristiana captó muy pronto ese motivo y colmó esa laguna. Luego habrá quien diga que los periodistas sacan las frases de contexto… no dudo que sucede así muchas veces, pero aquí sencíllamente no había contexto.

No sé si lo que se pretendía organizando una presentación así era que los medios hablaran del libro, aunque fuera en contexto cómico o incluso polémico, y así vender más ejemplares. No faltarán medios que disfruten haciendo comedia y polémica con la Iglesia. Y entiendo que haya quien se moleste por quienes han escrito esos titulares, pero la culpa de tanta frivolidad no es solo de quien escribe los titulares, también de quien los propicia.